Ecuador registra un crecimiento acelerado en la venta de vehículos eléctricos, impulsado por el alto costo de los combustibles y la búsqueda de alternativas más económicas para la movilidad diaria.
Ecuador atraviesa un notable crecimiento en la compra de carros eléctricos. De acuerdo con cifras del gremio automotor Aeade, entre enero y mayo de 2026 se vendieron más de 4.000 vehículos eléctricos en el país, lo que representa un incremento del 247% frente al mismo periodo del año anterior.
Este cambio responde, en gran parte, al alto precio de las gasolinas, especialmente la Súper, cuyo galón supera los USD 5,60. Ante esta realidad, cada vez más conductores analizan dejar los vehículos de combustión y apostar por modelos eléctricos.
Uno de ellos es Andrés Burgos, conductor profesional de Guayaquil, quien decidió adquirir un vehículo eléctrico BYD Yuan Pro hace dos meses. Según su testimonio recogido por un medio nacional, antes gastaba alrededor de USD 300 mensuales en gasolina. Ahora, el consumo de energía de su vivienda y la carga del vehículo se refleja en una planilla de aproximadamente USD 74.
Burgos calcula que el gasto real por cargar su carro en casa bordea los USD 52 mensuales, una diferencia significativa frente a lo que destinaba anteriormente al combustible. Además, señala que en una electrolinera puede cargar el vehículo al 100% con cerca de USD 9.
El conductor reconoce que el ahorro es una de las principales ventajas, aunque también existen desafíos. Entre ellos están la autonomía del vehículo, la necesidad de ubicar puntos de carga disponibles y la preocupación por posibles cortes de energía eléctrica.
El modelo que conduce tiene una autonomía aproximada de 380 kilómetros, suficiente para recorridos urbanos, pero limitada para trayectos largos como Guayaquil-Quito. Burgos afirma que factores como el uso del aire acondicionado, la radio o el peso de los pasajeros pueden reducir el rendimiento de la batería.
Otro reto es la infraestructura de carga. Aunque existen electrolineras en varios puntos del país, el conductor considera que todavía hacen falta más estaciones, especialmente en zonas alejadas o rutas interprovinciales.
Frente a eventuales apagones, Burgos analiza adquirir un generador eléctrico como respaldo. Aun así, sostiene que, incluso con ese gasto adicional, el vehículo eléctrico continúa representando un ahorro frente al uso mensual de gasolina.
El caso refleja una tendencia creciente en Ecuador: conductores que, motivados por el precio de los combustibles, empiezan a ver en la movilidad eléctrica una alternativa más económica, silenciosa y eficiente, aunque todavía con retos de infraestructura y autonomía.


















